2009/11/08

Una foto y un futuro

Rafa Díez, Sonia Jacinto, Arnaldo Otegi, Arkaitz Rodríguez, Miren Zabaleta

[En Estremera, a 25 de octubre de 2009]


La manifestación que inundó las calles de Donostia en respuesta a nuestra detención y encarcelamiento nos ha proporcionado una gran satisfacción, insuflando fuerza y moral a nuestras reflexiones y convicciones; vaya, pues, por delante, nuestro agradecimiento a las decenas de miles de personas que, bajo el lema «Askatasunaren alde. Eskubide guztiak guztientzako», respondieron masivamente a esta nueva actuación represiva del Estado.

Satisfacción al evaluar la enorme respuesta articulada tras la enésima intervención represiva contra sectores políticos independentistas. La ejemplar convocatoria realizada por la mayoría sindical, con ELA y LAB como tractores principales, ha vuelto a plasmar una foto social y política hace tiempo olvidada pero no por ello menos exigida y anhelada por la gran mayoría del espectro sociológico abertzale y progresista de nuestro pueblo.

Han sido muchas las operaciones político-judiciales, en clave de persecución política, que con detenciones, registros, incomunicación... han finalizado en imputaciones y encarcelamientos. Ese genocidio político se viene realizando con intervenciones periódicas plenas de arbitrariedad y discrecionalidad. Primero se sitúa el objetivo político y luego se consiguen/construyen los argumentos de imputación. Una noria de actuaciones que sorprenden a la sociedad vasca por unas acusaciones que, lejos de la realidad, sólo persiguen condicionar la situación en función de la estrategia del Estado para abordar la actual fase del proceso político.

Ahora, por fin, hemos llegado a un punto en el que, con una lectura política correcta en torno a las verdaderas intenciones políticas de la actuación represiva del Estado, la sociedad vasca ha reaccionado de forma masiva y esperanzadora. Esto es, sin los lastres que nos dejan las miradas o análisis retrospectivos, lo verdaderamente importante en este momento.

La sociedad vasca se ha despertado del letargo provocado por muchas inercias, errores e indefiniciones, con responsabilidades múltiples, que nadie debería/deberíamos rehuir. Ha demostrado su capacidad y potencialidad ante las actitudes arrogantes y políticamente impunes de las acciones de los poderes del Estado para con Euskal Herria. Y ese capital de denuncia, fuerza e ilusión que tomó las calles donostiarras no puede ni debe diluirse o ser flor de un día. Al contrario, frente a la persecución de las actividades políticas de un sector de la sociedad vasca, a las amenazas palpables de criminalización en cascada contra otros sectores políticos, sindicales y sociales, a la interminable vulneración de derechos civiles y políticos... la sociedad vasca tiene que dar continuidad y profundidad a un movimiento social expansivo e ideológicamente transversal en demanda de libertades democráticas; en exigencia de todos los derechos civiles y políticos para todos los ciudadanos de Euskal Herria.

Ante la estrategia del Estado por condicionar, con la represión y criminalización arbitrarias, el mapa político vasco y controlar la evolución del proceso en este tránsito entre dos ciclos políticos, el pueblo vasco tiene que responder con iniciativas múltiples y masivas por las libertades democráticas. En Donostia se comprobó que los mimbres y compromisos básicos son posibles y, sobre todo, que la ciudadanía abertzale y progresista demanda convergencias sociales que implementen o sean el estímulo colectivo que permita el desarrollo eficaz de la presión social.

Pero ese sector social reivindicativo no puede desarrollarse de forma aislada. Se ahogaría rápidamente y, otra vez, volveríamos a descapitalizar el valor y la potencialidad cuantitativa y cualitativa de la movilización que tanta ilusión ha generado. Por lo tanto, con la ola social surgida, es preciso abordar iniciativas globales y sectoriales que resquebrajen el actual bloqueo y abran las puertas a otra fase política. Es posible. Es necesario. Y, además, el pueblo vasco lo está demandando de manera urgente.

Una nueva fase, dentro del proceso de liberación nacional, que ha de tener como objetivo ganar un escenario democrático pivotado en el reconocimiento nacional de Euskal Herria y el respeto a la voluntad democrática de la ciudadanía, abriendo el cauce a una estrategia independentista. Fase y objetivos que, indispensablemente, necesitan de nuevas estrategias, compromisos e instrumentos políticos.

En esta fase del proceso de liberación, la Izquierda Abertzale debe liderar y compartir una estrategia cimentada exclusivamente en la adhesión popular; en la acumulación y activación de fuerzas sociales abertzales, soberanistas e independentistas por un cambio político y social. La estrategia eficaz que demanda el actual momento histórico sólo puede construirse sobre mayorías políticas y sociales democráticamente articuladas. Es decir, la sociedad vasca tiene que ser la protagonista, con su fuerza y organización, para, en un proceso democrático, avanzar hacia ese cambio político. No tenemos que esperar a nadie. No tenemos que estar condicionados por los que apuestan por el bloqueo para debilitar las variables sociopolíticas, culturales, simbólicas... de un proyecto nacional vasco definido y reforzado en la batalla contra el modelo constitucional-estatutario impuesto en la transición postfranquista.

La apuesta por un proceso democrático requiere de decisiones de perfil estratégico por parte de todos los agentes sociales y políticos, sin excepción, para vertebrar los mimbres de una nueva fase política. En este sentido, la modificación de los actuales parámetros de confrontación política, cuestión clave en el bloqueo existente, ha de ser una apuesta unilateral de la Izquierda Abertzale, la cual deberá complementarse con compromisos y acuerdos táctico-estratégicos entre los diferentes agentes políticos, sindicales y sociales.

Es desde la puesta en marcha del proceso democrático desde donde iremos avanzando y haciendo irreversible tanto el establecimiento de libertades democráticas -hoy negadas para adulterar la voluntad democrática del pueblo vasco- y la liberación de todos los presos políticos, como la definición y determinación -vía negociación política- de un acuerdo democrático que, respetando la voluntad de Euskal Heria, nos permita vertebrar política e institucionalmente el sujeto nacional vasco y avanzar hacia la independencia y el socialismo desde el respaldo democrático de la ciudadanía.

Y en esta estrategia de acumulación y activación progresista son indispensables instrumentos adaptados a las características de este pulso político. No estamos en una coyuntura de carácter resistencialista. No podemos especular con meros movimientos tácticos influidos por las trayectorias específicas de los diferentes agentes políticos y sociales. Hay que construir una ofensiva democrática para lograr poner los cimientos políticos -acuerdo democrático- de una estrategia independentista en una Europa en constante movimiento político.

En este sentido, el soberanismo e independentismo necesita converger en compromisos, propuestas e iniciativas de masas e, incluso, institucionales. Ese independentismo y soberanismo tiene que modificar las correlaciones de fuerzas en el tablero político y, como consecuencia, en las relaciones Euskal Herria/Estado, impulsando, de forma simultánea, un modelo económico y social que satisfaga las necesidades e intereses de la mayoría popular y trabajadora. Una tendencia convergente que tiene que incidir en el espacio político, sindical, social y cultural, tanto a nivel nacional como local.

Así pues, converger y sumar fuerzas para multiplicar efectos políticos y sociales. Sin miedos, con decisión y ambición. El camino recorrido ha sido muy importante. Hemos cubierto una etapa básica con la neutralización de los objetivos asimilacionistas del Estado español con el llamado Estado de las Autonomías. Ahora tenemos que articular las mayorías democráticas que determinen un nuevo marco político para Euskal Herria en la senda independentista. Ésa es la fase.

«Nueva fase, nuevas estrategias, nuevos instrumentos»; ésa ha de ser la apuesta, referencia y compromiso de la Izquierda Abertzale. El pueblo vasco espera atento y expectante. Todos debemos estar a la altura de ese anhelo colectivo. Sin tabúes y sin complejos. Aurrera!

["Gara", 2009-11-8]

2009/11/02

Conferencia de Brian Currin






[Video de la conferencia pronunciada por el abogado y mediador surafricano Brian Currin en el Kursaal de Donostia el 28 de octubre de 2009, por invitación de Lokarri. Extraído de paulrios.net]

2009/10/28

Salir de la torre a la plaza

José María Pérez Bustero | escritor


En el proceso de muchas ciudades y villas se diferencian dos fases. En la primera, surge una torre y controla las casas que puedan levantarse a su alrededor. Si observamos, por ejemplo, la zona media o ribera de Nafarroa, comprobaremos que, efectivamente, iniciaron su asentamiento como torre o castillo Torralba, Dicastillo, Valtierra, Peralta, Rada, Milagro, Falces... En el proceso posterior el vecindario se emancipa de la torre, y entonces crece como poblado. Peralta, por ejemplo, fue bajando desde la torre, por la ladera, hacia el río Arga, y se hizo población importante cuando se liberó de la primitiva zona defensiva, la pietra alta. Parecidamente se observa en torres y castillos de otras zonas vascas. Hubo, incluso, fortalezas que, ancladas en su entidad defensiva, no llegaron a generar una población. Por ejemplo, Sanchabarqua en las Bardenas, Montjardín frente a la Berrueza, torre de los Mendoza, castillo de Gometxa, torre Martiola en Araba, o lo hicieron de forma muy exigua, como Gorraiz en Eguesibar. Debe añadirse que el desarrollo más pujante tenía lugar cuando se creaba una zona de comercio, una plaza. En Lizarra -la primera población que tuvo fueros en Nafarroa- se hallaba el castillo roquero de Zalatambor, que habían construido aprovechando la fisonomía de la peña sobre la que se alzaba, rodeado por cinco anillos defensivos aterrazados. Pero Lizarra empezó a desarrollarse cuando se convirtió en zona de ferias, y se abrieron las plazas del Mercado y de Santiago.

En política sucede parecidamente con las ideologías y proyectos políticos que surgen en épocas de guerra. Tras un inicio intenso y no articulado, que brota de profundas heridas y emociones en una sociedad, los riesgos llevan a constituirse en torre, castillo o ciudad amurallada, precisamente para no ser destruidos.

Así sucedió con la reacción que emergió en el País Vasco en la década de los 50, y que se convirtió posteriormente en una serie de organizaciones estructuradas y gestionadas desde ese concepto. Si uno se acerca a esa tensión percibe los importantísimos elementos que subyacían en ella, y que han continuado hasta hoy. Impacta en primer lugar la misma autopercepción como torre o castillo, o sea, como lucha y resistencia. Esa identidad tiene el enorme efecto de encauzar y fomentar una gran energía y actividad. Se trata, asimismo, de una dinámica sin maleza cortesana, ya que no es pesebre para egoísmos e hipocresías. Y, por último, posee una claridad meridiana para quienes se apropian de ella. Cada uno sabe a dónde se quiere llegar, es decir, lo lejos y lo alto que se halla el final. No hay un objetivo que se desflora con los primeros logros.

Si observamos, por otra parte, el discurrir cotidiano de miles de personas adosadas de un modo u otro en ese proyecto, puede incluso afirmarse que, a pesar de una fachada de normalidad, una parte de ellos han sentido y sienten su vida como puja entre la vida y la muerte, otros como caminar entre la dureza de no ceder y el profundo sabor de ser fiel a sí mismo y a su tierra, y el resto como un transcurrir abierto a mil escalones de amargura y de alegría. Todo ello vigoriza la conciencia de la propia identidad y posibilitaba la supervivencia del proyecto.

La necesidad de llegar a la fase siguiente, o sea, de no quedar confinados en esa estructuración de lucha y resistencia, empieza a vislumbrarse al cabo de los años, cuando se percibe la necesidad de alcanzar mayor extensión social. La insuficiencia de ser torre que resiste y la urgencia de ser plaza y vecindario. Así sucedió tras los episodios de fracaso en las negociaciones de Argel en los primeros meses del 89. Por ello se formuló, al tiempo, la Alternativa Democrática, que derivaba el protagonismo de los defensores de la torre al vecindario que se hallaba en el exterior. Al Pueblo Vasco. Y en los años y circunstancias siguientes, se regresó una y otra vez a parecidas determinaciones

Sucedía, sin embargo, un hecho sorprendente. Al mismo tiempo que se asumían aquellas nuevas formulaciones y propuestas, punzaba el miedo a perder la certeza de la torre y castillo. Se optaba por esperar a mañana en vez de asumir desde hoy el riesgo de convertir al vecindario y la plaza en sujetos principales del proceso. No era una duda metódica de intelectuales revolviendo sus libros, sino que se trataba de una inseguridad íntima y profunda que deseaba y a la vez temía aquellas expectativas de crecimiento menos tangibles. Esa angustia no sólo ha estado ardiendo en las vísceras de un sector dirigente, sino que recorría la mente de miles de personas adheridas al deseo de autoafirmación como pueblo, pero curtidas en el parámetro de lucha y resistencia.

En estos momentos, sin embargo, ha tomado cuerpo en la sociedad vasca la demanda de abandonar torres, sedes, e intereses de partido, y juntarse en la plaza todos los afectos al país. Es una mezcla de clamor y queja que interpela a todo tipo de dirigentes. La ciudadanía no quiere seguir fragmentada en oñacinos o gamboinos, beamonteses o agramonteses, ni disfruta ya diciendo: yo soy del PNV, yo de EA, yo de AB, yo de Aralar, yo de la ilegalizada Batasuna, de EB, de HamaikaBat, de Alternatiba, de Batzarre, o yo soy socialista como mi padre. Frente a los miedos de unos y la adición al poder de otros, la mayoría vasca expone una voluntad de acción ensamblada. Una tarea enorme, por otra parte, pues en estas décadas nos hemos ignorado y malquerido mucho tanto los proyectos políticos y sociales como las zonas geográficas.

¿Qué logrará esa difícil acumulación de personas y comarcas? El primer resultado impactante será la modificación en el mapa de fuerzas. La segunda consecuencia consistirá en que se podrá ir con firmeza a las puertas del Estado. No para pedir unas conversaciones en unas fechas concretas, entre unas personas determinadas. Para entrar en un pulso y negociación progresiva, avalada y alimentada desde todos los parajes de la ciudadanía. En los intentos precedentes de negociación con el Estado, el pueblo se limitaba a ser un curioso que ni siquiera conseguía atisbar por las ventanas. Por el contrario, desde ahora el pueblo ha de funcionar como protagonista imprescindible de esa negociación y proceso democrático.

Desde luego, una vez que el vecindario se despoje de la actitud de clientes de la torre o veneradores de salones, aportará representantes y voluntades debatidas entre todos. Pero el pueblo seguirá siendo la única garantía y el protagonista de lo que vaya procesándose. ¿Se puede reconocer al pueblo ese rol? Vamos a los hechos. Si miramos las últimas 50 generaciones de vascos, por quedarnos en la historia documentada, el conjunto de individuos no ha conformado una masa yerta. Ha sido sujeto herido y vehemente. Siglo a siglo. Y si observamos la actualidad, la gente-del-pueblo sigue funcionando con parecida dinámica. Ha puesto en marcha con un entusiasmo ciego las ikastolas, ha restituido a la sociedad a los homosexuales, ha abierto con firmeza la paridad de la mujer, está reinsertando a personas con incapacidades, grita por la ecología, cuida a los presos, denuncia las hipocresías del sistema educativo y penal, destapa fraudes y crea representantes que no abandonan la plaza. El vecindario de este país, el pueblo, no es pasivo. Miles de vascos siguen experimentando la existencia como dureza mezclada con el profundo sabor de ser fiel a sí mismo y a su tierra.

De todo ello resulta como verdad clave de la política vasca que el pueblo es el único protagonista fiable de Euskal Herria. Cada vez o época que sus dirigentes lo han retenido como mero espectador y peón, por muy hábiles, honestos o valientes que fueran, hasta los logros derivaban en frustraciones. Y es que el pueblo no debe ser guiado-conducido-manejado-aniñado. Su identidad es ejercer de guía. No está hecho para acatar decisiones, sino para impulsarlas.

["Gara", 2009-10-27]

Azken egunetako iraultza txikiaren ikasgaiak

Iñaki Altuna | kazetaria

Garrantzia handiko astea izan dugu, LABeko egoitzako atxiloketak, Donostiako manifestazioan ikusitako argazkia eta ezker abertzalearen eztabaida direla-eta. Badirudi -hala diote denek- Gobernu espainolak ezker independentistaren ekimen politiko berritua galarazi nahi izan zuela joan den asteko operazioarekin. Ondorengo manifestazioak hainbesteko arrakasta lortu izanak eta Batasunaren zuzendaritzak banatutako txosten mamitsuak hainbesteko oihartzuna jaso izanak helburu hori ez duela lortu erakusten dute argi eta garbi. Orain ikusteko dago astebeteko iraultza txiki horrek jarraipen oparorik izango ote duen, zailtasunak zailtasun. Oraingoz, ondorio garbi batzuk atera litezke hamar egunotan ikusitakoarekin:

1. Donostian bildutako milaka eta milaka lagunek bidea egiteko nahikoa gihar dagoela erakutsi zuten. Ezkerreko abertzalegoaren oinarri sozialak, harrabots eta intoxikazio mediatikoaren gainetik, ondo baino hobeto irakurri ditu egoeraren gakoak. Jendea zain dago bidea egiteko. Alta, ez edozein bide egiteko. Egoera politikoa aldatu nahi duten eragileek erreparatu beharko diote herri gogoari, hanka-sartze historikorik egin nahi ez bada.

2. Perez Rubalcaba lekuz kanpo geratu da; besteak beste, aipatu herri erreakzioagatik, ezker abertzalearen erantzunagatik eta, horrek harritu du erabat, gehiengo sindikalaren ekimenak EAJ eta Aralar ere erakarri dituelako. Azken boladan egindako harremanekin, alderdi horiek erabat lotuta zituela uste zuen ministroak. Baina, antza, ez zuen dena behar bezala atxiki, eta horrek ondorioak izan ditu hedabideetan ere, Baltasar Garzonen xelebrekeria juridikoei eta Rubalcabaren gezurrei ez baitzaie beste batzuetan bezain besteko «sinesgarritasuna» eman. Hedabideek, jakina, ez diete bizkarra eman, ezta gutxiagorik ere; baina, operazioari kiratsa zeriola ikusi da han eta hemen argitaratutako zenbait artikulutan.

3. Ezker abertzalearen eztabaidak eta Batasunaren txostenaren zabaltzearekin eztabaida horren muina ezagutu izanak mami politikoa eskaini diote egoerari. Alde batetik, manifestazioaren beraren esanahia argitu dute. Izan ere, bazen arriskua manifestazioaren gainean bestelako irakurketak nagusitzeko; adibidez, EAJren parte-hartzea izatea azpimarratutako osagai bakarra edo, enegarren aldiz, borroka armatuaren gaineko adierazpenetan geratzea, hau da, Lokarri bezalako eragileek sustatzen dituzten parametroetan. Batasunaren txostenak koska non dagoen azaldu du, bereziki ezker abertzalearen oinarri sozialaren aurrean: aldaketaren fase politikoa da; prozesu demokratikoa egin behar da aukera berriak erdietsiko dituen aldaketa hori egiteko; eta horrentzat guztiarentzat konpromisoa hartu behar duten eragileek egiteko moduak egokitu behar dituzte. Aldaketa politikoa norberaren aldaketatik ere etorriko da.

4. Eztabaidaren terminoak plazaratzeak azken atxiloketekin -are gehiago Donostiakoak eta Bretainiakoak lotuz- Barne Ministerioak zabaldu nahi zuen tesia -ezker abertzalea betikoan dago, ETAren menpe, indarkeria elikatzeko- hankaz gora bota du. Madrilgo agintariek prozesu demokratikoa bera zaildu nahi izan duten arren; bidea egin nahi duten indarren, nazioarteko eragileen eta, funtsean, euskal gizartearen aurrean, Batasunaren borondatea argiki agertu da, agintari horien kalterako.

5. Txostenak ezker abertzalean aldaketak egiteko beharra erakusten du. Baina, estutasunetik edo porrotatik egin ordez, hausnarketa baldintza politikoen arabera egin dela antzeman daiteke, eta bere kultura politikoaren gainean eraiki dela. Bestela, desbideraketa izango luke arrisku; esate baterako, egungo erakundeen asimilazioaren eta egoera politikoan egiazko aldaketarik gabeko erreformismoaren zepoan erortzeko. Beste muturreko arriskuak ere badira halako mugimendu politiko batentzat: koherentziaren mozorropean helmugarik gabeko dinamikak bultzatzen dituzten jokabideak indartzea; borroka mota bakar bat goraipatzen delakoan, beste lan eta borroka politikoak mespretxatzeko joerak gailentzea; norberaren balioari gorazarre eginez, beste sektore batzuekin elkarlana baztertzeko jokabideak gorpuztea; azken helburuak lehenesten direlakoan, helburu taktikoak gutxiestea; «herri propio» bat egin daitekeelakoan, ustezko proposamen «alternatiboekin» eta «anti-sistemekin» errealitate birtualak irudikatzea eta, beraz, gizarte osoaren errealitatearen eraldaketa iraultzailea praktikan baztertzea; erradikal izatearen aitzakiapean, aktibismoa baizik ez onestea... Egindako urratsetik ondoriozta liteke Batasunarentzat eztabaida dela mutur bateko zein besteko gaitzak gainditzeko antidoto egokiena; independentzia helmuga, egoera demokratikoa erdiesteko hainbeste aipatzen den estrategia eraginkorra egiteko bidean.

["Gaur8", 2009ko urriaren 23a]

2009/09/30

Más que polo soberanista

F. Javier Juanes | Profesor de la UPV/EHU

LAS reflexiones expresadas en este texto nacen al hilo de la probable construcción de un polo de atracción desde los partidos políticos de izquierdas y abertzales. El conjunto del planteamiento se apoya en dos percepciones. Primera: la existencia de un déficit de representación institucional del amplio espacio social que se extiende de manera desigual pero suficiente por los territorios del euskara. Segunda: el convencimiento de que la fuerza de cualquier proyecto político se encuentra en la sociedad, de ella tiene que alimentarse y a ella tiene que dirigirse. Por ello se rechaza, de partida, cualquier planteamiento que implique llamamientos a los estados español o francés y no se contempla que se propongan cambios en los marcos de convivencia a otros partidos políticos mientras no haya un respaldo electoral amplio, equilibrado y contrastado.

Dirigirse a la sociedad en vez de a los gobiernos o a otros partidos políticos, puede ayudar a poner orden en el galimatías de propuestas que se han realizado en el ámbito vasco (navarro) en los últimos años. Recordemos, por ejemplo, la de Batasuna tras la declaración de Anoeta de nuevo estatuto para Araba, Gipuzkoa, Bizkaia y Nafarroa o la aproximación, entre otros, de Batasuna y EA apostando por la autonomía para Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa; o la malograda propuesta de nuevo estatuto para Araba, Gipuzkoa y Bizkaia promovida fundamentalmente por el PNV y EA. Iniciativas insatisfactorias si se consideran que han sido impulsadas por partidos que en sus idearios proclaman que existe una unidad social entre los territorios vascos. Resulta curioso que cada uno defienda la bondad de sus planes posibilistas pero recele de los que plantean otros. En medio de este desconcierto parece abrirse ahora un tiempo para la reflexión en el que entre las últimas novedades destaca, desde el ámbito de EA y Batasuna, el denominado polo soberanista con alguna controversia sobre si en él debería participar el PNV. Además, Batasuna se muestra reticente a llegar a acuerdos con Aralar y, en todo caso, cualquier movimiento vascófilo con vocación electoral está afectado por la actividad criminal de ETA.

Analizando los resultados de las elecciones de los últimos veinte años, se constata que una propuesta exclusivamente soberanista sólo contaría inicialmente con respaldo amplio en dos de los siete territorios (o si se prefiere, en la Comunidad Autónoma Vasca). Por otra parte, una iniciativa de este tipo, y vista la experiencia de los últimos años, quizás pueda seguir interesando al PNV a fin de acceder a la gobernabilidad en el ámbito de la CAV, pero sería a costa de prácticamente renunciar a liderar a medio plazo las instituciones de otros territorios. En este sentido, la apuesta soberanista parece insuficiente a la hora de plantear una propuesta nueva, eficaz y con ambición política. Por ello, partiendo del espacio social vasco (navarro) que demanda una representación institucional adecuada (y a diferencia de quienes están satisfechos con el modelo actual de estados español y francés), lo que aquí se plantea es tener en consideración las demandas sociales de la izquierda en las que la cuestión territorial sea el medio natural de actuación en vez del objetivo político.

Para empezar, convendría reubicar la forma de plantear la política representativa en la Euskal Herria (y en la Europa) del siglo XXI, de manera que lo importante no sean las ideologías de los partidos políticos (creados y estructurados en base a ellas, la mayoría en el siglo XX e incluso alguno en el XIX). Ideologías que han servido para que durante el siglo pasado la sociedad avanzara y se modernizara aunque muchas veces de una manera forzada y en algunos casos violenta. Los partidos así constituidos se presentan aún hoy como vanguardia de la sociedad manteniendo estructuras demasiado rígidas y elitistas.

La alternativa ideológica radicaría en llegar al máximo consenso trabajando por ideas que estarían en permanente construcción, propuestas no cerradas, probablemente mestizas, con objetivos flexibles en su consecución porque dependerían constantemente de la voluntad de la sociedad que las demanda. Esto abriría caminos por explorar que difícilmente estarían dispuestos a recorrer partidos conservadores (por el riesgo de que el futuro no se parezca a las ideologías heredadas) y permitiría apuntar estadios nuevos en los que sería posible construir otras estructuras organizativas. Recorrer estos caminos, según la voluntad de los y las ciudadanas, es en realidad en lo que consistiría el proyecto político.

Además, una propuesta entroncada en nuestra sociedad debería atender a la diversidad cultural de Euskal Herria, en vez de huir de ella, y desarrollarse desde la complementación y la colaboración entre todas y todos los que quieran participar. Fomentando una atención política que reconozca y apueste sin miedos ni complejos por un mestizaje consensuado, pero atrevido, de diferentes realidades socio-culturales, modelos económicos, etc. Abordar esto exigiría abrir las mentes y ser conscientes de que el reconocimiento a la tradición recogida de nuestros antecesores más que en el territorio físico, se encuentra en el del pensamiento.

Este planteamiento también demanda una perspectiva social distinta, en la que no prime la visión del ciudadano aislado (en la que el individuo es la referencia), ni la de la colectividad uniformizada (en la que la referencia es el pueblo/la nación). Sería deseable situarse y atender al nivel básico del asociacionismo, esto es, al nivel en el que los encuentros y los intercambios entre las personas permitan tener un control real de la gestión de sus demandas. Una perspectiva también comprometida con el medio plazo que, atendiendo a la crisis económico-financiera actual y proyectándose a las siguientes generaciones, desarrolle una crítica radical activa de las posturas económicas que no tienen en cuenta la armonización de la vida comunitaria local ni la organización global de los recursos comunes.

Por otra parte, debe tenerse en cuenta que una propuesta para la construcción democrática de los deseos y esperanzas que en cada momento se detecten y demanden no puede ser compatible con la actividad armada de ETA. Cualquier propuesta en Euskal Herria con espíritu demócrata y vocación electoral mayoritaria requiere que previamente ETA, desde una visión conjunta de Euskal Herria, aplique en Hegoalde el mismo criterio de actuación que en Iparralde. Posteriormente habría que culminar el proceso de reconocimiento a las víctimas y tener perspectiva histórica cuando, tras el cese definitivo de ETA, se pueda incrementar la (re)acción pancastellanista.

En relación con todo lo anterior, más que un acuerdo entre entidades políticas actuales en torno al polo soberanista se sugiere desde aquí promover una organización (agrupación, plataforma, movimiento, alternativa) más amplia para el desarrollo de la democracia en Euskal Herria en el siglo XXI. Una agrupación que en vez de pedir el voto para su candidatura pida la implicación ciudadana, en la que el acto de votar sea una parte más de un compromiso activo en la construcción crítica de la gestión pública. Una agrupación con una estructura articulada de abajo a arriba, que reivindique la construcción de la sociedad del futuro a partir del pueblo/ciudad (mancomunidad, área metropolitana, eurociudad) y de su organización municipal en los ayuntamientos. Planteando propuestas de renovación en la representatividad democrática y articulando sistemas de autocontrol y de limitación temporal de aquellos/as que ostentan el poder delegado. Una organización plural en la que sea natural negociar internamente dando constancia de la complejidad de los problemas y en la que las tomas de decisiones se puedan canalizar mediante fórmulas participativas de colaboradores, con actualización y renovación constante e incorporando las oportunidades de comunicación de las nuevas tecnologías.

Por concretar, una organización política que atienda a los demócratas euskal herrizales de izquierdas con vocación mayoritaria para poder gobernar. Que se plantee, además, un objetivo cuantificable electoralmente, como por ejemplo, superar los aproximadamente 300.000 votos que habría tenido en sus momentos más álgidos el conjunto de partidos aber-tzales progresistas en Euskal Herria y plantearse el reto de 500.000 votos y una presencia equilibrada en los distintos territorios que suponga al menos un 25% de votos en cada territorio histórico de Hegoalde (un 20% en los de Iparralde). El cumplimiento de este modesto objetivo podría ser el paso previo para que los sectores más soberanistas pudieran compartir con otros entes sociales o políticos el protagonismo en la búsqueda de planteamientos de nuevos retos (y soluciones negociadas) sin más límites que los que quiera ponerse la sociedad vasca(navarra) así autorreconocida.

{"Deia", 2009-09-30]

2009/09/29

Emancipación social y nacional como proceso

Patxi Azparren, Ainhoa Larrañaga y Pedromari Olaeta | Euskaria

En un Libro autobiográfico publicado hace 10 años por Joxe Iriarte (Bikila), este incansable militante en un pasaje narra la conversación que tuvo con dos militantes polimis en el camino de regreso a Hegoalde tras la amnistía. La charla discurrió sobre las expectativas que tenía cada cual sobre la nueva etapa histórica que se abría para Euskal Herria. Los dos polimilis comentaban que ellos contemplaban un cambio político dividido en dos fases:

1- cambio democrático; 2-cambio revolucionario. Bikila que a la sazón era miembro de ETA VI-LCR y que simpatizaba con el pensamiento trotskista, mostró su desacuerdo con una estrategia política dividida en dos fases, puesto que él era defensor de concepto de la revolución permanente. El, ahora veterano, militante oreretarra veía el peligro de que los polimilis entraran a participar en una salida reformista del régimen franquista. El tiempo confirmó que la etapa democrática planteada por algunos del los cuadros dirigentes de lo que fue la herencia de ETA pm, no era un capitulo sino un fin.

Aun procediendo de otro tiempo y otro espacio político, compartimos con Bikila, la preocupación por mantener la coherencia entre la teoría política y la práctica. Joxe Iriarte veía en la división temporal del proceso en dos etapas el germen de una acción política incoherente con los objetivos. Así, la implicación con otras organizaciones políticas "de orden" para conseguir ese primer cambio democrático significó un cambio de política de alianzas que al cabo del tiempo llevaron a personas como Mario Onaindia al otro extremos del mapa político, al totalitarismo constitucional.

El germen de la incoherencia que Bikila seguramente situaba en el ámbito doctrinal, sin embargo, es posible que para quienes protagonizaron esa cabriola ideológica y vital fuera asumida de otra manera. Muchas personas que se ven atraídas por la política y tiene menos escrúpulos a la hora de decantarse por una u otra opción, reducen su reflexión ideológica a conceptos como "la relación de fuerzas". Ese reduccionismo es uno de los que permiten casi cualquier posicionamiento que justifique seguir viviendo de la política. Además dándose el caso de que estas personas no suelen coincidir con quienes más arriesgaron en la etapa anterior.

Más de treinta años después, recientemente, hemos podido conocer que algunos planteamientos de varios sectores de la izquierda Abertzale, incluida ETA, nos hablan de nuevo de una final de ciclo armado dividido en dos etapas: 1-marco democrático; 2-marco de plenas libertades.
De nuevo la historia parece repetirse y esta vez no debe caerse, en nuestra opinión, en la equivocación de analizar tal propuesta de solución desde el ámbito de la doctrina política, porque de nuevo parece que dicho esquema no responde a una coherencia programática, sino a una aceptación de las relación de fuerzas surgida de las últimas décadas de confrontación político-militar.
Antes de proseguir esta exposición, vemos necesario aclarar que la crítica a esta propuesta de solución por etapas no pretende, en ningún caso, poner la mínima traba a cualquier intento de solución digna para dar fin a la violencia política multilateral. La situación de injusticia creada, la conculcación múltiple de derechos, nos hace sentir la necesidad imperiosa de ayudar a facilitar cualquier acuerdo que por fin evite que haya más asesinatos, torturas, secuestros legales e ilegales, presos, guardaespaldas...Esta crítica tampoco pretende adoptar una actitud maximalista que no sería sino una pose estética carente de viabilidad.

En nuestro caso, como Joxe Iriarte en su día, preocupados por que la etapa transitoria se convierta en definitiva y que los esfuerzos por conseguirla hagan que las alianzas se busquen entre los grupos que quieren frustrar definitivamente la posibilidad de una Euskal Herria libre, en paz y con justicia social, tan solo pretendemos animar a pensar y actuar en otras hipótesis posibles para el fin de ciclo.

ANOETA

La Declaración de Anoeta, aceptada por ETA posteriormente, abre la posibilidad de intentar un esquema de solución satisfactorio y generador de nuevas dinámicas transformadoras.

Es evidente que ETA solo dejará las armas definitivamente y sin riesgo de que nuevas generaciones tomen la misma vía, si la solución es negociada. Los contenidos de un proceso negociador en el que algún momento deberá entrar el Estado español pueden ser perfectamente aquellos que se propusieron en la Declaración de Anoeta. Ajustar los contenidos de la negociación del fin de la violencia política multilateral a esos espacios facilita la participación de una intermediación internacional, de una presión popular desde Euskal Herria favorable a un acuerdo digno para todas las partes. El fin negociado de conflicto armado es una necesidad y una urgencia con tempos y desarrollo propio. Un tempo que puede ser acelerado por quien está en su mano hacerlo.

Sin embargo, en los aspectos políticos que no debieran atener a un grupo armado, el tempo, el desarrollo, los ingredientes, los actores son diferentes. Diferenciado de una solución negociadora que se cruce con la solución del conflicto armado y que agregue más ingredientes que la mera relación de fuerzas, el conjunto político, sindical, y social que tiene a Euskal Herria como única referencia nacional y como sujeto político podría acordar una estrategia de construcción nacional y social que asumiera el enfrentamiento democrático, pacífico y civil contra la el sistema jurídico de los Estados español y francés. Un modelo de enfrentamiento democrático, activo, no dramático que no contemple una negociación con los Estados sino una nueva mayoría que impulse un acuerdo con las personas que viven en Euskal Herria para hacer un Estado soberano.

El pragmatismo tiene de peligroso que nos hace convertirnos en lo que no queríamos ser, el utopismo tiene de peligroso que no arregla los problemas reales de las personas que sufren en el día a día. La utopía, como dice nuestro amigo Pepe Beunza, es aquello que se aleja según vamos acercándonos, pero lo que nos ayuda a seguir siempre mejorando.
Un proceso de emancipación nacional y social dinámico, sin etapas, sin objetivos finalistas (en clave "fin de la historia") es el más sugerente para la realidad social actual de la Euskal Herria compleja. El Estado Vasco es un instrumento que necesitamos con urgencia. Un instrumento, no un fin en si mismo, una herramienta para huir de los regimenes jurídicos etnicidas de España y Francia, para asegurar nuestra pervivencia y desarrollo como pueblo y para poder establecer un sistema socio-económico propio justo.

[2009-09-25]

2009/09/25

La izquierda abertzale, ante el reto de la estrategia eficaz

La izquierda abertzale representa hoy la más grande de las paradojas; por una parte afirma haber logrado, tras 30 años de lucha, las condiciones para el cambio que permita materializar sus objetivos y, por otra, se encuentra muy condicionada por la estrategia represiva. Resolver esta paradoja es su gran desafío para este curso.


Iñaki IRIONDO | Ramon SOLA | Iñaki ALTUNA

A la izquierda abertzale le llega el tiempo de definir. Tras varios meses en los que ha estado esbozando los elementos sobre los que asentar la estrategia eficaz de la que tanto ha hablado, y que en algunas ocasiones ha llevado incluso a la práctica política, se abre un nuevo curso que brinda la oportunidad de fijar posición. Dos años y tres meses después de su clausura, existe ya una distancia suficiente para analizar con perspectiva el último intento negociador, y se presume que ha habido tiempo para extraer conclusiones para una apuesta de futuro. Los retos que se vislumbran como muy importantes en el horizonte están cada vez más cercanos. A nadie se le escapa la trascendencia, por ejemplo, del próximo ciclo electoral, con las elecciones municipales y forales de 2011 como primera pieza estelar, aunque mayor es el desafío de responder adecuadamente a las condiciones políticas y sociales para el cambio de ciclo político que la propia izquierda abertzale asegura haber construido en estos años, de modo que pueda alumbrarse un nuevo escenario de resolución del conflicto en términos democráticos.

En el pasado reciente, la izquierda independentista tiene como referencia el último proceso de negociación (2005-2007), que, si bien sirvió para definir con bastante exactitud por dónde debiera trascurrir el tránsito democrático pendiente, también dejó patente que muchas de las recetas y esquemas tradiciones de la izquierda abertzale no son suficientes para pasar el umbral que va de la necesidad del cambio de escenario a su materialización. Sólo logra quedarse a las puertas. Es una realidad objetiva que no sólo reconoce la izquierda abertzale (Arnaldo Otegi: «Hemos desgastado sus instrumentos, pero no alcanzamos a construir un marco nuevo»), sino también otros sectores (Joseba Egibar: «El Estado nos ha tomado la medida»).

La capacidad de bloqueo del Estado y la incapacidad de ir articulando progresivamente una correlación de fuerzas que oriente positivamente ese proceso, hasta llegar a poder superar los obstáculos y vencer a sus enemigos declarados, ha marcado también este último ensayo. Las tentativas de forzar la posición del Gobierno y del PSOE en un plazo concreto de tiempo, a golpe en ocasiones de ultimátum, no da un resultado definitivo, porque, entre otras cosas, a los representantes de éstos les es suficiente una palabra («no») para mantener la posición y salir del atolladero.

Cierto es que, en primera instancia, la resaca de aquel proceso dejó en evidencia la escasa voluntad del Gobierno del PSOE y, también, el alineamiento con sus tesis del PNV de Imaz y Urkullu. Sin embargo, la distancia ha hecho que la actuación de cada agente en aquella ocasión pierda importancia, por lo que, una vez abierto de nuevo el ciclo de confrontación en toda su intensidad, la cuestión se centra en quién sale beneficiado, con el inexorable paso del tiempo, de la situación abierta tras el final del proceso de negociación.

En este sentido, varios referentes de la izquierda abertzale inciden en que por vez primera es el Estado quien sale beneficiado de la fase de resistencia. Por citar un ejemplo, el que fuera portavoz de HB Floren Aoiz afirmaba en un artículo que «no basta con tener paciencia y seguir andando, porque puede que estemos dando vueltas en círculo sin darnos cuenta».

En ese contexto, el Ejecutivo español ha marcado con claridad sus prioridades: la desnaturalización del conflicto político, la reoxigenación de los marcos vigentes y la neutralización de la izquierda abertzale. Ahí están tanto los acuerdos en Nafarroa Garaia entre PSN y UPN como la toma de Ajuria Enea por parte del PSE, con su profundización en la estrategia represiva.

Esa apuesta ha traído consigo, en el terreno político-institucional, que el PSOE abandone por el momento el debate sobre una posible reforma del marco autonómico y asuma directamente la gestión de gobierno en detrimento del PNV. Por una parte, porque a José Luis Rodríguez Zapatero no le interesa abrir el melón de la reforma estatutaria en una situación, derivada de la crisis económica, de debilidad de su Gobierno, que se encuentra además a la espera del fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut catalán; y, por otra parte, porque esa herramienta tendría que utilizarla en un eventual futuro acuerdo con el PNV, posiblemente en una jugada de jaque mate a la izquierda abertzale. Pero, hoy por hoy, su relación con los jelkides está aún en el alero, tras el trauma del cambio en Lakua.

El segundo gran eje de actuación que Rodolfo Ares y compañía han denominado como «deslegitimación de la violencia» tiene como principal objetivo anular políticamente al independentismo vasco. La pieza a cazar va más allá de la propia ETA, aunque, como se ha visto en los últimos meses, el debilitamiento de esa organización es una prioridad absoluta para los estados español y francés. Comparten el objetivo confeso de hacer creíble la vía de la victoria policial (Rubalcaba hasta le puso fecha: 2016) en detrimento, qué duda cabe, de la salida política que exige cualquier conflicto de esta índole. Pero, pese a las importantes detenciones y operaciones policiales, o precisamente por ello, las acciones de ETA de este verano han vuelto a poner en duda la viabilidad de tan recurrente receta.

Entre tanto, el independentismo tiene que padecer un constante intento de neutralización y bloqueo, como muestran a las claras el proceso de ilegalización y la prohibición de actos e iniciativas, así como la detención, procesamiento o encarcelamiento de sus cuadros políticos. La última muestra es, esta misma semana, la oleada de procesamientos contra las listas D3M y Askatasuna o la decisión de mantener en prisión preventiva durante cuatro años a Joseba Permach, Joseba Álvarez o Juan Kruz Aldasoro. Visto todo ello, resulta incuestionable que, como recalcan los representantes de la izquierda abertzale, el objetivo de esa estrategia represiva es precisamente «gripar el motor del cambio».

A dibujar ese horizonte contribuiría también la posible extensión de un sentimiento de frustración por la falta de expectativas. Dicho de otra manera: en medio de está situación de sufrimiento, prohibición y persecución, ¿se puede hablar de posibilidades reales de cambio? ¿O a la izquierda independentista sólo le queda la disyuntiva entre resistir en una larga y dura travesía o rendirse?

Su respuesta a esas preguntas debería venir de la mano del análisis que la propia izquierda abertzale ha realizado del proceso político vasco de las últimas tres décadas, y que ha expuesto en numerosas ocasiones en los últimos tiempos. De ese análisis se deduce que existen condiciones para abrir un nuevo tiempo político que lleve, primero, a un escenario mínima

["Gara", 2009-09-13]

2009/07/20

¿Por qué negarse al diálogo con ETA?

Carlos Tena


Resulta desconsolador saber que los distintos gobiernos, que desde 1976 formalizaron con mínimo realismo distintas estrategias para iniciar el diálogo con ETA, exigiendo la entrega de las armas y la rendición total, no supieron caminar por la angosta senda de la palabra. Se les hacía muy cuesta arriba.

La primera reunión entre una rama de ETA y un representante del ejecutivo español, tuvo lugar en noviembre de 1976 en Ginebra (Suiza). El entonces comandante Angel Ugarte, jefe de los servicios de inteligencia en el País Vasco, se reunió con los dirigentes de ETA político-militar Xabier Garaialde, Erreka, y Jesús María Muñoa, Txaflis. Tras este encuentro se concertó una segunda reunión, en diciembre del mismo año, en la misma ciudad, a la que, además de los dirigentes citados, acudieron en representación de ETA militar José Manuel Pagoaga, Peixoto, y José Luis Ansola Larrañaga, Peio el Viejo.

Años más tarde, en diferentes lugares, con distintos interlocutores, se habló en varias ocasiones de tregua, sin que jamás se aprovecharan esas pausas para comenzar a construir el diálogo, poniendo en marcha algo tan esencial como el traslado de los presos a la cárcel más próxima a su hogar. La ley orgánica general penitenciaria contempla esa y otras medidas como algo habitual, que ayudan a que los familiares de los penados no tuvieran que cruzar media península, o toda ella, e incluso más allá, para llevar afecto a los suyos (1).

Sin embargo, según se desprende de lo conocido hasta hoy, parece ser mucho más útil, a la vez que democrático, dejar que el rencor, el desprecio y el castigo económico, fustiguen a los familiares de los reclusos. Tal vez debemos admitir que un etarra no es un delincuente a quien deba promocionar la TV, un asesino tan admirado como el bailarín Farruquito, que incluso pudo elegir la prisión Sevilla-2, que es la más cercana a su domicilio, para cumplir la ridícula condena que se le impuso, tras haber arrollado (sin carné) con su lujoso automóvil a un ciudadano, causándole la muerte, luego escapar sin siquiera prestarle ayuda y en último lugar echarle la culpa del hecho a un familiar. Sin embargo, un joven que quemara un contenedor de basura en Bilbao, se arriesga a ingresar prisión al menos durante cinco años, a mil kilómetros de su casa. Una curiosa justicia.

Los familiares de la víctima atropellada no figuran en la lista de ciudadanos que se integran en la AVT; ni los trabajadores muertos por la negligencia gravísima de decenas de empresarios, ni las mujeres asesinadas por sus compañeros sentimentales. Casi todos ignoran que su dolor, que compartimos y respetamos quienes apostamos por el diálogo, es manipulado con fines situados más allá de la solidaridad, cual es el inmovilismo de esta dictadura simulada, que tanto interesa a la Corona y a los líderes de varios partidos políticos; y también es cierto, que en el seno de ese colectivo no se encuentran los allegados, igualmente dolientes, de aquellos a los que el terrorismo de Estado (las bandas incontroladas), han asesinado impunemente a lo largo de los últimos lustros. La fractura es entonces gravísima. Hay una violencia comprensible y otra inadmisible.

Siempre que se habla de la conveniencia del diálogo con ETA, salen a la palestra, armados de insultos, denuestos y descalificaciones, miles de presuntos demócratas (entre los que hay muchos que se dicen cristianos), esgrimiendo como únicos argumentos la rasgadura de sus túnicas mentales y un ansia enfermiza de venganza, dispuestos al linchamiento de cualquier presunto sospechoso de pertenencia a la organización armada, aunque haya cumplido una larga condena en la cárcel. No son capaces de deducir que la indignación, la rabia, son emocionalmente comprensibles, pero nulas desde una óptica intelectual. Claro que esto resulta algo complicado, cuando es Rubalcaba o el Rey quienes deben entender el trasfondo de tal afirmación. Y más aún si desde la prensa, la radio y la televisión, se alienta de manera dramática a creer en la Ley del Talión, la cadena perpetua, o la conveniencia de la reimplantación de la pena capital.

Cuando ministros de Interior, con escasa imaginación y rigor intelectual, como eran José Barrionuevo (secuestrador y malversador de fondos públicos), o aquel Rambo venido a menos llamado José Luis Corcuera (solidario con el anterior), o Juan Alberto Belloch (hoy bendiciendo al fundador de la artera secta del Opus Dei, como fue Monseñor Escrivá de Balaguer), o Mariano Rajoy, o Alfredo Pérez Rubalcaba, hablan de los éxitos policiales, y un mandatario como Zapatero rubrica la simpleza con frases como "Que nadie se llame a engaño: ETA puede seguir matando", sólo están reconociendo que el conflicto resulta mucho más complicado de lo que se quiere hacer creer a la sociedad.

Cuando más del 15% de los adolescentes vascos justifican las acciones de ETA, y a casi otro tanto les importa poco o nada, nos encontramos ante el hecho consumado de que un 30% de los habitantes más jóvenes de aquella nación, no condena a la organización armada (2). Luego habrá que deducir, utilizando los silogismos de esta democracia de rebajas, que en Euskadi existen miles de futuros militantes, que hoy tienen entre 12 y 16 años. ¿Es ETA, por tanto, únicamente un fenómeno de carácter terrorista, o bien algo terriblemente más sutil, un escenario donde se asegura la sustitución de cualquier detenido por otro liberado, durante el próximo siglo? Evidentemente, este es un conflicto clavado muy hondo en la médula espinal de toda la sociedad.

Y para colmo, en esa delicadísima situación, el poder no ha hecho otra cosa que rogar a los empresarios de Falsimedia que, encantados de la vida, chantajeen a sus redactores y editorialistas con el fin de que, éstos a su vez, intenten persuadir a la ciudadanía de que no existe otra solución para "acabar con ETA", que la policial, aunque Zapatero y Rubalcaba confiesen en privado que esa vía no puede ser exclusiva para terminar con la violencia.

¿Por qué no utilizar entonces la mediación internacional?

¿Por qué negar la eficacia del diálogo, cuando se trata de encontrar una salida a la terrible plaga que supone que un adolescente de 14 años, sueñe con entrar en una organización armada, arriesgando su juventud, su vida y la ajena, para lograr objetivos políticos?

¿Por qué negarse en rotundo, en nombre de una falsa dignidad, de una supuesta cobardía, a entablar conversaciones con la dirección de ETA, por muy debilitada que se encuentre, si se puede lograr que las bombas y los disparos callen para siempre?

¿No es gratuito lamentar que haya una gran parte de la sociedad, que sospecha que en las cloacas del estado existen intereses espurios para que continúe derramándose el dolor?

¿Es acaso una quimera imaginar que ha de llegar el día en que los diputados y concejales, periodistas y jueces, profesores o empresarios, no tengan que llevar guardaespaldas, que no existan sobresueldos, ni tráfico de drogas (con un jefe de la Guardia Civil al frente, como Galindo, y hace un par de días el teniente coronel de la Benemérita Juan Miguel Castañeda), o prebendas entre los miembros del aparato policial destinado en Euskadi?

En este largo medio siglo de existencia de Euskadi Ta Askatasuna, no se ha logrado otra cosa que aumentar la impotencia y el sufrimiento de toda una sociedad, que asiste incrédula a la ceremonia de la condena en sesión continua, escuchando soflamas en las que vuelan las palabras huecas e inútiles, hasta que ETA vuelva a actuar con su habitual cerrazón. Y entonces, habrá más discursos vacíos, más manifestaciones, más odio, más lágrimas, y ningún resultado.

Llevamos así 50 años. ¿Cuántos más habrá que esperar para que la razón y la inteligencia, la voluntad y la palabra sustituyan a los atentados, las detenciones, la hipocresía y la tortura?

Somos muchos los que opinamos que ETA debería abandonar la lucha armada, pero también que el estado debe convencerla de ello a través del diálogo, con la palabra en la mano, hasta su definitiva autodisolución.

Notas.

(1) Artículo 1

Las instituciones penitenciarias reguladas en la presente Ley tienen como fin primordial la reeducación y la reinserción social de los sentenciados a penas y medidas penales privativas de libertad, así como la retención y custodia de detenidos, presos y penados.

…/… Artículo 3

La actividad penitenciaria se ejercerá respetando, en todo caso, la personalidad humana de los recluidos y los derechos e intereses jurídicos de los mismos no afectados por la condena, sin establecerse diferencia alguna por razón de raza, opiniones políticas, creencias religiosas, condición social o cualquier otra circunstancia de análoga naturaleza. En consecuencia:

1. Los internos podrán ejercitar los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales, sin exclusión del derecho de sufragio, salvo que fuesen incompatibles con el objeto de su detención o el cumplimiento de la condena.

2. Se adoptarán las medidas necesarias para que los internos y sus familiares conserven sus derechos a las prestaciones de la Seguridad Social, adquiridos antes del ingreso en prisión.

…/… Artículo 6

Ningún interno será sometido a malos tratos de palabra u obra.

Artículo 12

1. La ubicación de los establecimientos será fijada por la administración penitenciaria dentro de las áreas territoriales que se designen. En todo caso, se procurará que cada una cuente con el número suficiente de aquellos para satisfacer las necesidades penitenciarias y evitar el desarraigo social de los penados.

(2) http://ecodiario.eleconomista.es/espana/noticias/1401475/07/09/ El-15-de-los-adolescentes-vascos-no-rechaza-o-justifica-a-ETA.html

["Kaosenlared", 2009-07-19]

2009/07/07

Mapa del tiempo

Miguel Sánchez-Óstiz


En buena lógica, que se le decía antes, lo sucedido con la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que versa sobre el recurso interpuesto por Batasuna contra la sentencias de tribunales españoles que la ilegalizaban debería ser asunto de los interesados y sólo de ellos, en la misma medida en que, durante años, los interesados se han desentendido de todas las cuestiones que no iban estrictamente con ellos.

¿Le importa a la ciudadanía el respaldo rotundo que da ese tribunal a la ilegalización gubernamental de Batasuna? Me temo que muy poco, por no decir nada, al menos en sentido negativo. Las cosas han cambiado mucho y en un futuro inmediato van a cambiar más que el jaleado mapa del tiempo de EITB , que se ve como un logro en la lucha contra el nacionalismo y por la democracia constitucional. Van a cambiar mucho los mapas del tiempo, generales y particulares, en un futuro inmediato. Están cambiando. Unos días después de conocerse la sentencia, los pensadores callan y las noticias también. El varapalo legal que ha padecido Batasuna ha dejado de ser noticia si es que lo fue relevante hace tres días. La asfixia del mundo abertzale continúa y resulta imparable, con o sin electorado obligado a la abstención o al voto nulo.

La inmensa mayoría de la ciudadanía ve la sentencia, cuando la ve, que esa es otra, como un logro, una conquista, una indudable victoria de una batalla legal que tiene como objetivo acabar con la izquierda abertzale coadyuvante de una organización terrorista. Y así lo celebra. Y lo hace de manera ruidosa, con una satisfacción difícil de ocultar. En ese sentido, la izquierda abertzale debería admitir que se ha ido quedando sola en su lucha independentista y autodeterminativa, y que su discurso, radical por un lado y equívoco por otro, a la postre ha generado más rechazos que adhesiones o movimientos de solidaridad. Las cosas como son, no como nos gustaría que fueran.

Cabe entender sin embargo que, de acuerdo a un siniestro pasaje de la sentencia de marras, ese en el que se dice que la ilegalización no está basada sólo en la negativa a condenar los atentados terroristas, deja claro que "el simple hecho de que la disolución hubiera sido fundada en ese elemento no habría sido contrario a la convención", aunque no haya ley alguna positiva que imponga esa conducta, lo que ya es un atropello indiscutible de libertades individuales. Pero aún hay más, porque se dice y se recalca y se propala como una conquista que "en ciertas circunstancias, sus omisiones o silencios, que pueden equivaler a tomas de posición y hablar más incluso que toda acción de apoyo expreso". Así, cabría sostener que, un suponer, si a causa de sus opiniones un ciudadano es agredido por matones mamporreros de la más sucia derecha y a precisas instancias de conspicuos miembros de esta, de acuerdo a esa sentencia, los políticos de la derecha que estén al tanto de esa agresión y todos los que como asesores áulicos les apoyan, y se nieguen a condenarla, son cómplices de la agresión por muy éticos y moralistas, virtuosos ex komunixtax, ex socialitax, ex nacionalixtax, ex progrex txantreanos (¡menuda horda!), graaandes sermoneadores todos, que sean los políticos y sus asesores áulicos, kolumnistas artxidemókratas hasta la katxas y opinadores en jefe de la prensa caciquil, que dejan el huevo escachafamas aquí y allí, en el mentidero diario de la infamia libresca donde los embutes son encaje de bolillos, en las mesas de la conspicua sociedad gastronómica, al amparo de la exposición millonaria. Su silencio fue, es y siempre será cómplice de la agresión, aunque distingan todo lo que quieran entre agredidos y agredidos, amenazados y amenazados. El asco indecible. No lo digo yo, lo dicen los magistrados de Estrasburgo, es cuestión de interpretar y elaborar doctrina, y enredar la madeja para que la ecuación de el resultado apetecido.

Tal vez lo que resulte abusivo en la sentencia no es lo que dice o deja de decir de Batasuna o de la ley de partidos, sino lo que la prensa de Madrid exhibe como un triunfo, una pica en Flandes, que en ciertas circunstancias, las omisiones o silencios, pueden equivaler a tomas de posición y hablar más incluso que toda acción de apoyo expreso, obviando algo fundamental: que mientras el Código Penal español u otra ley concordante no lo prevean expresamente en su articulado, esa obligación impuesta en una sentencia, es un abuso de derecho como la copa de un pino. Puede ser una opinión del juzgador, compartida por el público, que de eso se trata, pero no de un precepto.

De lo contrario se debería proceder contra un tal Didier Wacogne, el juez francés que, en una vista reciente, no impidió que unos etarras celebraran con aplausos la muerte del último guardia asesinado. Su silencio invita a preguntarse si el magistrado estaba de acuerdo con el crimen porque en ciertas circunstancias -y una sala de audiencia donde se juzga a alguien por asociación de malhechores parece que lo es- el silencio equivale a un apoyo expreso. ¿O lo que vale para unos no vale para otros? Si es así, nos encontramos ante la arbitrariedad más absoluta con la apariencia de acuerdo generalizado y de sacrosanta sanción legal apoyada por una amplísima mayoría de la opinión pública, que es la que convenientemente azuzada, manda.

Sólo un juez o una punta de jueces prevaricadores (en la medida en que saben que su resolución no se ajusta a derecho) pueden obligarme a romper mi silencio o mi juicio suspendido, mientras esa obligación a manifestarme no esté previsto en la ley. El día que el Código Penal prevea la obligación de condenar de manera expresa los atentados terroristas, ese día me callaré y por miedo a la pena, a los matones de uniforme y a ser maltratado, más que a mis íntimas convicciones, haré lo que se me ordene porque a fin de cuentas me tengo por un ciudadano de orden, amante de la ley y del sistema social (en su conjunto) y de lo que haga falta y ordene quien tenga la fuerza de mano. Y lo digo porque, que yo sepa, hasta ahora no me he callado ante el crimen ni he recurrido a la siniestra falacia de ampararme en "el conflicto" para justificar o "poner en su contexto" los crímenes, cometidos y por cometer, ni tampoco he pretendido cobrar por ello.

["Noticias de Navarra"]

2009/07/06

Madrid-Estrasburgo-Madrid

Rafa Díez Usabiaga Ex secretario general de LAB

La sentencia de la Sala «pequeña» del Tribunal de Estrasburgo -TEDH- sobre el recurso interpuesto por Batasuna ha sacudido el panorama político de esta tórrida semana veraniega. Aunque se especulaba con su contenido y el posible momento de su publicación, la sorpresa ha sido casi generalizada en relación tanto a la «sustancia» de la sentencia como al contexto temporal elegido.

Pero analizando cronológicamente algunos hechos, se pueden «hilar» algunas claves que, seguramente, estaban en posesión del Gobierno y altos estamentos del Estado. Cuando hace unas semanas, en el litigio jurídico abierto con Iniciativa Internacionalista y, especialmente tras la decisión del Tribunal Supremo, se apuntaba desde varios diarios españoles su inconveniencia considerando que podía interferir negativamente en una posible sentencia del Tribunal de Estrasburgo, evidentemente algo se movía entre bambalinas. La nueva teoría ilegalizadora planteada por el TS -«contaminación sobrevenida»- podía, según esas fuentes político-periodísticas, entorpecer decisiones que, ahora está claro, estaban abordándose y «cerrándose» en el Tribunal europeo en relación al tema troncal: el recurso sobre la ilegalización de Batasuna.

Se llegó incluso a especular sobre la presencia en Madrid de enviados de Estrasburgo portando «consejos» que luego, para sorpresa de la opinión pública y de la clase política española, fueron considerados con la decisión adoptada por el Tribunal Constitucional. Para muchos, entre los que me incluyo, parecía imposible que el Constitucional enmendase de plano una decisión del Supremo. ¿Cómo entender esa inesperada, aunque positiva, resolución? Hoy pienso que la decisión del Tribunal Constitucional hubiera sido imposible sin el previo conocimiento de las máximas jerarquías del Estado de la sentencia del TEDH, ahora conocida por todos y todas. Eso sí, los magistrados europeos no querían «ensuciar» su resolución con «ilegalizaciones chicle» bajo conceptos nuevos -contaminación sobrevenida- que pusieran en entredicho la ya definida sentencia sobre Batasuna.

La tranquilidad política con que se asumió desde el Estado la legalización de Iniciativa Internacionalista no fue, pues, reflejo de una supuesta madurez democrática, sino una mera pose política ante una hoja de ruta de acontecimientos ya conocida en altos niveles del propio Estado. A partir de ese momento, tras la decisión jurídica, los esfuerzos se encauzan en entorpecer la proyección de Iniciativa Internacionalista -persecución, boicot informativo...- y preparar el «pucherazo» desviando unos votos decisivos para que Alfonso Sastre lograra el acta de eurodiputado.

Siguiendo con esta secuencia, tras las elecciones europeas -con el éxito electoral de la opción defendida por la izquierda abertzale en Hego Euskal Herria- y, especialmente, tras la muerte de Arrigorriaga, las necesidades de Estado inciden en el impulso definitivo para que Estrasburgo marque ficha y terreno en torno a una referencia que el PSOE viene repitiendo machaconamente en su estrategia: «no habrá en las instituciones opciones políticas que amparen la violencia».

La sentencia, en este sentido, se sitúa y, de esa manera se ha planteado en diferentes intervenciones, como un factor de presión contra la izquierda abertzale. Así pues, estamos ante un fallo judicial integrado o integrable en la estrategia de estado contra Euskal Herria. Europa ha querido avalar, en este preciso momento, tanto las medidas jurídicas del Estado español contra la izquierda abertzale como, consecuentemente, la legitimidad democrática de los gobiernos autonómicos -Gasteiz e Iruñea- surgidos del apartheid a un sector de la sociedad vasca. Una cuestión trascendente de necesaria reflexión.

La sentencia. La sentencia tiene como referencia ineludible una Ley de Partidos impulsada por Aznar como desarrollo «local» de la ofensiva antiterrorista de la Administración Bush en otras partes del mundo (Irak, Afganistán...). El Gobierno del PP, con la colaboración del PSOE, puso en marcha un «pacto antiterrorista» con leyes y decisiones políticas que pretendían evitar un proceso de soluciones e instalar un escenario de permanente confrontación.

En ese contexto y con esa filosofía en estos últimos años se han ido adoptando medidas jurídicas y desarrollado actuaciones policiales que han vulnerado masivamente derechos básicos de decenas de miles de personas. Frente a ello la denuncia social e institucional mayoritaria de la sociedad vasca se complementó con la vía jurídica ante el TEDH. Las ilegalizaciones de organizaciones políticas y sociales, el apartheid político contra un sector de la sociedad vasca, mutilando la representación popular democrática, sustentaban un recurso que apelaba a la defensa de los derechos y las ideas por encima de una «seguridad» que facilita a los estados la utilización, en régimen de monopolio, de la violencia jurídico-institucional ante disidencias políticas internas.

Desgraciadamente, la sentencia, integrando en su lenguaje terminologías y consideraciones propias de la Audiencia Nacional, ha admitido la conculcación de derechos básicos de intervención y representación política, apelando a supuestas connivencias o complementaciones con ETA. En sus contenidos, además, se habla de conceptos como «necesidad social» arbitrariamente concebidos y se hace referencia, incluso, a que la no condena puede considerarse como un apoyo tácito a la violencia.

Resulta sorprendente jurídicamente esta última referencia en una sentencia sobre un Estado español donde todavía el PP y sus dirigentes no han condenado el franquismo o donde dirigentes del PSOE han compatibilizado su acción política con etapas de terrorismo de estado (GAL) y dado cobertura pública y social -visitas a Guadalajara- a condenados por ese mismo terrorismo de estado. ¿Esas actuaciones no significan una defensa tácita de un régimen fascista que causó miles de muertes eliminando libertades básicas o el apoyo indirecto a organizaciones terroristas surgidas de cloacas del Estado?

Para más evidencia, el mismo día que sale la sentencia del TEDH, en el Ayuntamiento de Madrid dos concejales de PP se ausentaban del pleno -«para tomarse un café»- evitando votar la retirada de las distinciones a Franco y el alcalde de Salamanca del PP persistía en mantener todos los honores al dictador. ¿Esa actuación no es un apoyo tácito o directo al franquismo y sus consecuencias? Por la misma lógica argumental Estrasburgo debería considerar la ilegalización del PP, ¿no?

Encarar el futuro. Por eso, a mi entender, el fallo judicial, avalando la vulneración arbitraria de derechos de decenas de miles y de ciudadanos y ciudadanas, se ha escorado radicalmente en función de los intereses de estado no aportando ninguna solución al problema de fondo que subyace a la polémica jurídica: la permanencia de un conflicto de soberanía entre Euskal Herria y el Estado.


["Gara", 2009-07-4]